4 razones (falsas) de por qué Improvisar no cuenta con prestigio en la vida

17 mayo, 2019

Acabas de sustentar tu proyecto. Las voces de felicitación vienen de un lado y otro. Pero sólo tú sabes que, minutos antes de salir al escenario, no tenías ni idea de qué ibas a decir.

Te acaban de felicitar. La jefe (¿no se supone que estaba enferma?) te llama, te agradece y te manifiesta su confianza. Algo dentro de ti, sin embargo, sigue sintiendo que no te mereces las felicitaciones: saliste al frente con todo el susto del mundo, con toda la inseguridad posible, y sin saber muy bien realmente qué ibas a decir.

Pero, una vez allí, te soltaste, buscaste escucharte e imaginaste que el público eran repollos, desnudos, sordos e insípidos. Y te fue muy bien. Aunque no te lo puedas creer.

Hablemos hoy de este punto: ¿por qué no te lo puedes creer aún? Simple: alguien (en realidad, muchos álguienes) te dijo que sólo se alcanzan logros importantes si hay esfuerzo, sacrificio y… de paso, algo de amargura.

La impro nos invita a fluir con el momento, a entender el contexto, a pensar en el otro, escucharlo, validar sus experiencias y armonizarlas con las propias. Lo sorprendente es que eso a veces no es bien entendido por los demás. Hablemos de cuatro razones de por qué la gente no siempre entiende el valor de la impro.

  1. La mayoría de las personas sienten vergüenza de decir que algo se les ocurrió en el momento, y por eso prefieren fingir que cada una de sus palabras es tan calculada como la más complicada ecuación diferencial. Por lo mismo, porque en algún punto asumimos que ser exitoso es ser feliz, y que para ser exitoso la única vía es el sacrificio. En esto juegan tantas películas de semana santa donde el dolor físico es la única vía para demostrar los propios puntos de visa.
  2. Incluso cuando es mentira, muchos prefieren fingir que la razón y la lógica son las únicas formas de ser inteligentes. Y, a pesar de ellos, artistas, científicos y filósofos nos muestran que, además de la razón, existen formas de expresar la inteligencia: la música, el conocimiento de la naturaleza, la comprensión del espacio… Qué difícil es decir que un automovilista, capaz de tomar curvas pronunciadas a más de 200 kms no es alguien inteligente, o que alguien que escribe canciones, actúa en teatro o es intuitivo para moverse en las relaciones sociales no son ejemplos de inteligencia.
  3. Hemos sobrevalorado la razón sobre la intuición. Aunque nuestras madres, abuelas o tías nos muestran constantemente el poder de la intuición, por lo general no nos creemos a nosotros mismos cuando una idea nos llega como una sensación, una percepción o, simplemente, una ocurrencia. Lo que no reconocemos a menudo es que la intuición es una forma de conocimiento, sólo que no se presenta de forma lineal, lógica o racional… sino más como imágenes, emociones… ocurrencias.
  4. Vivir el momento, leer el contexto, adaptarse, ser flexible, se toman a menudo como sinónimos de irresponsabilidad. A pesar de que muchas personas, en el fondo, tampoco tienen un plan inflexible a largo plazo que les indique a cada día cuáles son las prioridades a ejecutar, lo de flexibilizar decisiones en el camino les pesa.
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Sábados 9 - 16 - 23 y 30 de mayo 9:00 A. M. - 1:00 P. M. Universidad CES - Sede Poblado $460.000

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