Cuatro procrastinadores escriben un libro

23 agosto, 2019

Perteneciente a la colección «los libros de todos nuestros males», el libro de la procrastinación ubica al lector en una idea simple: la necesidad de dejar todo para el final (a veces, de los tiempos) es algo que se puede entender, gestionar y, desde herramientas básicas de la IMPRO, hacer que juegue a favor. El método, sin embargo, no da pasos que se deban seguir, como si tratara de una receta mágica: más bien propone asumir la tarea de entender-se en medio de las fechas de entrega, reconocer cómo complicarse la vida, y, al final, pasárselo bien. Sobre todo eso: pasárselo bien; al fin y al cabo, si hay fechas de entrega que acosan los días y las semanas, es porque algo estamos haciendo (o debemos hacer).

Pero, siendo procrastinadores, cómo lograron lidiar con las fechas de entrega, se preguntarán las mentes suspicaces. La respuesta es la más sencilla de todas: rodear todo el ambiente de trabajo de cosas que lo alejaran lo más posible del trabajo aburrido. 

Ese es uno de los principales trucos para procrastinar profesionalmente, y se basa en uno de los conceptos centrales de la IMPRO. El truco es sencillo: reconocer cuáles son los factores de distracción que más nos atraen cuando debemos trabajar focalizados en algo. 

Hacer la lista de cosas que más nos distraen es fantástico porque, con esa lista en mano, hay que cambiar la pregunta. No se trata de preguntarse ¿cómo hago para evitar todos estos distractores (que me encantan)? Sino ¿cómo los integro a mi ciclo de producción?

Debes escribir un ensayo. Pero Twitter está en tu lista favorita de distracciones: siempre que caes ahí se te pasan las horas “procrastinando”. Si Twitter cae a tu lista de distracciones de primer nivel. 

Si la pregunta fuera ¿cómo evitar caer en Twitter cuando en realidad lo que tengo que hacer es escribir mi ensayo para la universidad? vas a buscar técnicas de alejamiento (anular notificaciones de Twitter, llenarte de ideas negativas sobre la plataforma, y, en general, satanizarlo).

Ya sabemos qué pasa cuando te prohibes algo. Se convierte en tentación, en tabú, en placer culposo. 

Te proponemos el camino al ternativo: integra Twitter al ciclo de producción. Dos ideas: para un próximo ensayo (si para este que debes entregar mañana ya no se puede) propón a tu profe que te permita elaborar la argumentación de tu ensayo a partir de Twitter (algún escándalo que te haya llamado la atención, un trending topic que se vincula con la temática de tu clase, algún hashtag propuesto en su cuenta de Twitter por alguno de los autores que leen en clase…). La segunda idea: no pidas permiso, simplemente hazlo. Con talento, claro; pero hazlo. 

Han pasado dos horas de cuando debieras haber comenzado a escribir. Y sigues en Twitter: no pasa nada. Estás haciendo “trabajo de campo”. Es posible que al integrar tu distracción en tu ciclo productivo, ya no sea tan efectivo. Entonces sales de Twitter, y comienzas a escribir (con todo lo que ya sabes, por la experiencia directa). 

Un día reconocimos que a partir de muchas técnicas como esta, habíamos ido coleccionando una notable lista de ideas para poner a jugar la procrastinación a nuestro favor. Y decidimos ponerlas en un libro. 

Sólo había un problema: cómo dejar de procrastinar la tarea de escribir el libro de la procrastinación. Fuimos a nuestra mejor bitácora inspiracional: el blog moreno (impro para la vida). Y encontramos este tesoro: Instrucciones para procrastinar mejor. La instrucción número 3 nos encantó: se resume en “dispérsate”. Consiste en dejarse ir, de video recomendado en video recomendado, de páginas basura a a páginas basura, de serie en serie… 

La única condición antes de dejarte llevar es tener el deadline claro, y las especificaciones de la tarea. Es decir, antes de dejarte llevar por las recomendaciones de los algoritmos de las redes sociales, que tanto te conocen, y que se encargarán de proponerte siempre contenidos para que no entre de lleno en tu tarea, ten presente qué debes entregar y cuándo.

En nuestro caso: escribir el libro de la procrastinación, y una fecha. (Otro hack: pusimos una fecha falsa, para procrastinar un poco más). Había dos grandes fuentes de distracción: trabajar juntos, simultáneamente, nos lleva de ocurrencia en ocurrencia, sobre todo cuando estamos en el ciclo creativo. Y esta otra: trabajar por separado no es taaan chévere. Había que buscar una solución. ¿Cuál fue? 

Simple: alguno de nosotros escribe las premisas básicas, las comparte en un documento, cada uno las lee, revisa el material de Tipson, y, en una reunión colectiva, vinculamos las imágenes más expresivas a los textos. 

Las premisas salieron de unos audios en los que alguno de nosotros le compartía pequeños trucos sobre la procrastinación a una amiga en aprietos. Las imágenes salieron de todo el maravilloso material de Tipson, ese habitante fantástico de El País Moreno. 

Con el documento listo, celebramos que teníamos el libro. Ya era cuestión de diseñar y diagramar, pero… nuestro trabajo creativo estaba hecho. Si vas a perder tiempo en redes y series, o en conversaciones banales (que son encantadoras), mejor le sumas una copa de vino y conviertes el formato “conversación distractora” en “celebración por nuestro nuevo libro; el primero”. Este sí que es un truco: celebrar. Algo en tu cerebro se dice: “Ah, mira, estos se toman una copa de vino porque han hecho juntos una tarea… sigamos haciendo tareas, porque me gusta el vino”. 

Y, bueno. El 6 de septiembre, en la Fiesta del Libro, lanzaremos nuestro primer libro. Luego se nos ocurrió pensar, copa de vino en la mano, no sería el único, porque, así como la procrastinación, hay muchos otros “males” en nuestra vida; “males” que, con ayuda de la IMPRO, se convierten en plataforma creativa.

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