La dispersión (segunda entrega, de varias)

19 julio, 2019

En la entrega anterior hablábamos de la contradicción entre multitasking y focus. Dijimos: por un lado nos piden trabajar multitasking (hiperconectados, networking, inglés, britnyspirs, pop…) y por el otro nos piden que estemos concentrados en una única tarea.

Frente a ese dilema, lo más normal es que desde fuera nos exigen (jefes, clientes; el mundo entero…) todo tipo de cosas que se contradicen, con lo cual es a nosotros mismos, a cada uno de nosotros, individualmente, a quienes corresponde hacer algo. Buscar un balance. 

Y como el balance no es fácil, aparecen los cuadros de estrés laboral, ansiedad… y dispersión. Saltamos de una cosa a la otra, sin terminar la anterior, se nos acumulan las tareas, y, lo peor, vivimos con la constante sensación de que no alcanzamos a hacer todo lo que debemos hacer, y, lo peor, de que ni siquiera comprendemos la dimensión de todo lo que tenemos que hacer.

Pero, tranquilidad… la impro tiene cosas para decirnos. ¿Recuerdan que habíamos hablado de una mosca?

Un buen disperso está pensando en la mosca aún. Es más: se le hace que todo lo que hemos planteado desde unos párrafos atrás no ha sido otra cosa que evadir el tema principal: la mosca.

Cómo es posible que en una oficina, de un edificio alto, con sistemas de aire acondicionado y ventanas selladas logre entrar una mosca… En qué mundo vivimos. Ahora que seguimos imaginariamente a la mosca, con nuestra mirada atenta, la vemos asentarse en un cuadro de arte abstracto. Ahora estamos recordando la tensión entre vanguardia y kitsch

Porque nada más vanguardista que una mosca en el piso 25 de una oficina. 

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