La dispersión (tercera entrega, de varias)

26 julio, 2019

Hace ya tres entregas que venimos hablando de la dispersión. En la anterior, prometimos que reconocer la dispersión “No es tan grave. Siempre que sepamos cómo hacer de ello una oportunidad en vez de asumirlo como un defecto”. Prometimos también que en esta entrega hablaríamos de cómo se logra. 

Empecemos de una vez: NO hay UNA manera de lograrlo. Es decir: NO hay UNA manera de convertir la dispersión en una oportunidad. O por lo menos, nosotros no la conocemos. 

Por el contrario: conocemos MILES de formas. Vemos en cada persona (dispersa o no dispersa) muchas oportunidades para convertir la dispersión en algo interesante para su vida. 

El problema es que la mayoría de veces que nos sentimos dispersos se trata de una sensación que viene desde afuera. Un jefe, un profesor que reclama atención, un compañero de trabajo que te exige dedicación exclusiva a una tarea en la que trabajan juntos…

No hay una única forma de convertir la dispersión en un camino creativo, productivo o por lo menos entusiasta para la propia vida. Hay muchas formas. Y todas son dispersas. Pero se te ocurren cuando otros están buscando que cierres tu foco en algo. 

Y lo que hace que se nos aparezca como un problema la dispersión, es -justamente- cuando nos juzgamos desde la mirada de otro. 

Un hack para matizar la idea de que somos dispersos, es mirar hacia atrás. ¿Has logrado cosas? ¿Te has divertido en ellas? La primera es funcional: si has logrado cosas (pasar a un trabajo, graduarte del colegio, ir a otra ciudad a hacer una presentación, vender una propuesta…) no eres taaaaaaaan disperso. Tal vez sólo un poco. 

Mirar hacia atrás te sirve para repasar los logros y matizar la sensación de dispersión. Sí: has hecho cosas. Habrían podido ser mejores, obtener mejores resultados, enganchar más público… sí. Pero has hecho cosas. 

Con esas cosas en mente, ahora percibe diferente a tu jefe, tu profesor o tu compañero de trabajo. Están pidiendo que cierres la atención, que le des foco a tu percepción. Y eso está bien. De hecho, en el pasado, ya lo has logrado (te graduaste, has conseguido trabajo alguna vez, etc…). 

Entonces, bájale a la angustia que produce la presión externa. Y vuelve a pensar en lo realmente importante: LA MOSCA.

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