Qué hacer mientras esperas una decisión

16 agosto, 2019

Tres ideas de la IMPRO para esperar mientras otros definen nuestro futuro

Estábamos avanzando en la serie sobre la dispersión. Pero fuimos llamados a esperar una decisión. Una de esas típicas situaciones en la que un comité decide sobre tu propuesta. ¿Qué hacer mientras esperamos una decisión? A ello trataremos de dedicar las siguientes palabras.

Ya sabemos que tomar decisiones propias es muy difícil (aquí, nuestras recomendaciones para tomar decisiones). Pero es peor esperar decisiones de otros. Sobre todo, decisiones de las cuales dependen, digamos, nuestra propia vida.

Si este fuera un blog sobre la paciencia, mindfulness o doctrinas zen para contemplar el mundo mientras pasa, recomendaríamos, simplemente esperar.

Pero este es un espacio de Impro para la vida. Es decir: un lugar para traer ideas sobre lo que la impro nos puede enseñar para vivir más chévere.

Ok… está bien… vamos a replantear la pregunta: ¿Cómo puede la impro enseñarnos a esperar una decisión que otros deben tomar y que afecta nuestra vida?

La respuesta es taaan simple, que atemoriza: no sabemos. 

Es decir, nosotros, directamente, no sabemos. Pero en la impro siempre hay herramientas para que nuestra vida sea más chévere (aunque, en este preciso momento, se esté debatiendo algo que podría afectar por completo tu futuro). 

  1. Trata de pensar en cuánto cambiaría tu vida según la decisión que estén discutiendo. Supongamos que la junta directiva está evaluando, ya mismo, tu nueva propuesta. Pero no puedes estar en la reunión. O ya estuviste, y seguiste los consejos para hacer una gran presentación (aunque no la hubieras planeado siete meses antes). Ahora piensa que cada nuevo rumbo que pudiera tomar tu vida es una historia que pudieras contar de una forma diferente. Como finales alternativos. O como historias paralelas. Es necesario que pienses en cuántos lugares diferentes podrías conocer, cuántas monedas internacionales podrían pasar por tus manos o cuántas calles verás llenas de restaurantes de comida exótica, mientras buscas la consabida hamburguesa para almorzar.

Pensar en cuántas historias diferentes pudieras vivir, según la decisión que ellos tomen, ayuda a resolver este problema: que lo primero que vas a intentar es NO pensar y no sentir ansiedad por el asunto. Pero es más que imposible. Entonces mejor no lo combatas.

  1. Revisa la bandeja de entrada de tu correo. Filtra todos los mensajes que están esperando una respuesta de ti. Genera esta respuesta automática: “Hola, he revisado tu correo. Tan pronto el comité (junta, comisión, consejo…) tome una decisión frente al asunto, te responderé (seguramente, un par de días después, y probablemente desde otro país)”. Con esta respuesta vas a “desviar tráfico”. Y tendrás menos preocupaciones. Con lo cual tu mente quedará libre para hospedar más ansiedad. Toda esa ansiedad la vas a proyectar en el punto 3, el verdadero hack de vida para momentos en que otras personas discuten corporativamente lo que no es otra cosa que tu vida misma.
  2. Ahora sí, aprovecha el tiempo y saca el proyecto que tenías pendiente desde semanas atrás. Lo has procrastinado más de lo necesario. Coge toda esa ansiedad que te atropella ahora mismo y vuélcala sobre tu libreta, a manera de dibujos, apuntes, notas, diagramas… con los cuales vas a montar la web que ideaste hace años y siempre has postergado, o el fanzine que tienes pendiente de dibujar desde la época del colegio o, por qué no, el borrador de tu nueva propuesta… la propuesta que presentarás en unas semanas en otra junta directiva y que, probablemente, de teje ansioso por otros meses más.
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